¿Existen realmente los valores morales como algo objetivo, o son proyecciones humanas? Tres posiciones históricas dan respuestas incompatibles a esta pregunta.

1. Universalismo moral

Sostiene que existen principios morales válidos para todos los seres humanos, con independencia de cultura o época. Hay verdades morales objetivas.

Platón — Dualismo ontológico
Las Ideas (Formas) existen en un reino trascendente, eterno e inmutable. El Bien es la Forma suprema, fuente de inteligibilidad y valor. El mundo material es una sombra imperfecta de esta realidad verdadera. La moral se fundamenta en el conocimiento del Bien.
El mito de la caverna (República, Libro VII)
Los prisioneros ven sombras en una pared, creyendo que son la realidad. Uno se libera y sale a la luz del sol (el Bien). La filosofía es liberación de la ignorancia hacia la verdad universal. Metáfora central del universalismo moral: hay una verdad moral que trasciende las apariencias y puede ser conocida.

2. Relativismo moral

El relativismo sostiene que no existen verdades morales objetivas y universales. Lo que es moralmente correcto depende de la cultura, el individuo o el contexto.

Protágoras, el fundador de la idea relativista

Protágoras (480–410 a.C.)
«El hombre es la medida de todas las cosas, de las cosas que son en cuanto que son, y de las que no son en cuanto que no son». Para Protágoras, lo que parece justo a una ciudad es justo para ella; no hay criterios objetivos transculturales. La verdad moral es perspectivista: relativa al juicio individual o colectivo.

El problema del relativismo cultural

El relativismo cultural, aunque parece tolerante, lleva a paradojas serias que la filosofía contemporánea ha señalado repetidamente:

Contexto histórico: el auge del relativismo sofista en la Atenas clásica coincidió con crisis moral y política que desembocó en la condena de Sócrates. La proliferación de perspectivas relativas sin fundamento común mina la estabilidad cívica.

3. Nihilismo moral

El nihilismo sostiene que no existen valores en absoluto: ninguno es verdaderamente válido. Es la posición más radical; declara el colapso de la dimensión moral como tal.

Friedrich Nietzsche (1844–1900) — La muerte de Dios

«Dios ha muerto»
Nietzsche declara que con el colapso de la metafísica cristiana pierden credibilidad todas las morales que se fundaban en verdades eternas o autoridad divina. La modernidad occidental ha 'asesinado a Dios', pero aún mantiene los valores cristianos (culpa, compasión, igualdad) sin su fundamento original. Esto genera nihilismo: la pérdida de valor de todos los valores.
La transvaloración de los valores
La moral tradicional cristiana es, para Nietzsche, una 'moral de esclavos': la debilidad disfrazada de virtud. Los débiles crearon valores que condenan la fuerza, la dominación y la vida exuberante. La verdadera moral provendría de una transvaloración: crear nuevos valores que afirmen la vida, la voluntad de poder y la excelencia.
La voluntad de poder
Lo más fundamental en la realidad es la voluntad de poder (Wille zur Macht): la tendencia de todo lo viviente a expandirse, crecer, superar límites. La moralidad convencional sofoca esta fuerza. Nietzsche propone el Superhombre (Übermensch): quien trasciende la moral convencional y crea sus propios valores desde la vida misma.

Críticas al nihilismo nietzscheano

Dilemas fundamentales entre las tres posiciones

El dilema del universalismo: imperialismo vs. tolerancia

El dilema del relativismo: tolerancia vs. justicia

El dilema del nihilismo: autorreferencial y destructivo

Síntesis: universalismo moderado y pluralismo compatible

Frente a las aporías del relativismo y el nihilismo, la tradición filosófica contemporánea ha convergido en una posición intermedia que combina universalismo y pluralismo:

Martha Nussbaum: enfoque de capacidades

Nussbaum ofrece una solución contemporánea al dilema universalismo–relativismo: ser universal sin ser imperialista. Propone un conjunto de capacidades humanas centrales que toda persona, en cualquier cultura, merece tener la oportunidad de desarrollar:

El enfoque es universalista (las capacidades valen para todos) pero pluralista (las culturas pueden realizarlas de formas diferentes). Todos necesitan «afiliación social», pero esto puede expresarse mediante familia nuclear, tribu extendida o comunidades religiosas. Así evita tanto el relativismo total como el imperialismo (Creating Capabilities: The Human Development Approach, Harvard University Press, 2011).

El estatuto metafísico de los valores

La pregunta sobre el alcance de los valores (universalismo, relativismo, nihilismo) se entrelaza con una cuestión metafísica más profunda: ¿tienen los valores una realidad objetiva independiente de lo que los seres humanos piensan o sienten?

Realismo moral naturalista — Cornell realism (Boyd, Brink, Sturgeon)
Los realistas del 'Cornell group' — Richard Boyd, David Brink (Moral Realism and the Foundations of Ethics, Cambridge University Press, 1989) y Nicholas Sturgeon ('Moral Explanations', en Morality and Moral Theory, 1985) — argumentan que las propiedades morales son reales y naturales, aunque no reducibles por definición explícita a propiedades simples (placer, bienestar). 'Bueno' podría coincidir con propiedades naturales complejas que favorecen el florecimiento humano. Los hechos morales tienen poder explicativo causal: el hecho de que la esclavitud sea injusta explica parcialmente por qué provocó resistencia y abolición.
Realismo moral no-naturalista (Parfit, Shafer-Landau)
Derek Parfit (On What Matters, Oxford University Press, 2011) y Russ Shafer-Landau (Moral Realism: A Defence, Oxford University Press, 2003) defienden que hay verdades morales objetivas que no son propiedades naturales (físicas, biológicas o evolutivas) sino propiedades normativas irreductibles accesibles a la razón. El universalismo platónico encuentra aquí su versión analítica contemporánea: existen verdades morales, pero no están 'en' el mundo natural.

Antirrealismo: la teoría del error (Mackie)

J. L. Mackie ocupa una posición singular: acepta que los juicios morales pretenden describir hechos objetivos (cognitivista), pero sostiene que esos hechos no existen (antirrealista). Los juicios morales son, por tanto, sistemáticamente falsos.

J. L. Mackie (1917–1981) — Ethics: Inventing Right and Wrong (Penguin, 1977)
Mackie sostiene que 'no hay valores objetivos' (cap. 1). Dos argumentos centrales: (1) El argumento de la rareza ontológica (argument from queerness): si existiesen propiedades morales objetivas, serían entidades radicalmente distintas a todo lo conocido en el universo natural — necesitaríamos además una facultad especial y misteriosa para percibirlas. (2) El argumento de la relatividad: la extensión del desacuerdo moral entre culturas se explica mejor asumiendo que la moral varía con actitudes humanas, no postulando hechos objetivos que unos captan y otros no. La solución práctica de Mackie: podemos seguir usando el lenguaje moral como ficción útil, del mismo modo que usamos 'el sol sale' sin creer que el sol se mueve.

Matiz técnico: nihilismo moral (Mackie) ≠ prescriptivismo (Hare)

Ambas posiciones niegan la existencia de propiedades morales objetivas, pero por razones radicalmente distintas:

El resultado práctico es parecido (ambos niegan valores objetivos), pero la arquitectura lógica es opuesta: para Mackie estamos en un error sistemático; para Hare, nunca pretendimos describir hechos — simplemente prescribimos.